El vaso medio lleno


El respeto por los procesos y el germen del resultadismo chocan entre sí. En ese marco, hay que destacar el juego de los juveniles.

Por Diego Villarino

La primera regla del exitismo sostiene como premisa que solo sirve ganar. Una afirmación cruel que daña el proceso. Cuando se trata de juveniles, el resultadismo afecta aún más. Por supuesto que eso viene de cuna: la ambición de los padres, la división entre vencedores y caídos, los reclamos a los árbitros cuando juegan as inferiores, las picas con los rivales, etc. Similar a una batalla pero no a un partido de fútbol.

El germen del éxito obligado acechó a  la selección argentina mayor durante mucho tiempo. Eso se desactivó en diciembre de 2022. Pero mancha a los juveniles que no volvieron a repetir el ciclo de Pekerman-Tocalli. ¿Cuáles es la validez de la critica despiadada?. ¿Cómo discernir entre critica constructiva y dañina?. En un año, la AFA recibió dos golpes deportivos. El respeto por los procesos choca con la idea de ganar o ganar.

La era Tapia está afectada por vaivenes y contradicciones, por ejemplo la organización de los torneos y las marchas/contramarchas. En medio de esa tensión, el trabajo juvenil aparece como acierto. El efecto Scaloni potenció a los elencos juveniles, sin que esto se traduzca necesariamente en resultados. Los elevó en calidad, aparecieron futbolistas que proyectan un futuro tentador. Vale la pena señalarlo en tiempos donde está prohibido frenar el tiempo y disfrutar. El arte no puede arrogarse la exclusividad del placer, este también puede existir en una maniobra futbolera.

En el conteo, figura la caída local del Sub 20, Un plantel repleto de juveniles de la talla de Valentín Barco, Luka Romero, Valentín Carboni y Alejo Veliz. Un equipo que daba gusto ver jugar, con buenas triangulaciones en el medio y potencia ofensiva.  Por cuestiones del fútbol, eso no se vio contra Nigeria (0-2).  Encima en Octavos y en condición de anfitrión. Sí, se evidenció la superioridad  física del equipo africano, que además aprovechó cada oportunidad. También es cierto que el equipo argentino no estuvo fino en tres cuartos. Los traspiés forman parte del camino.

El juvenil sub 17 se suma al foco del público insatisfecho. Luego de un buen mundial, trastabilló en los penales con Alemania y cayó goleado en el partido por el tercer puesto con Mali, una mala jornada, un salpicón dentro de un compañón. Para los desmemoriados, Argentina nunca ganó un mundial sub 17 y tampoco llegó a una final. Por consiguiente, las exigencias rozan la injusticia. 

Como contraste, es necesario realzar a los futbolistas del presente y futuro. No solo la sub 20 tiene grandes baluartes. Claudio Echeverri y Agustín Ruberto convirtieron 13 tantos entre los dos. El Diablito tuvo su pico más alto en la goleada a Brasil por 3-0, un certamen donde la Albiceleste también vapuleó 4-0 a Polonia y 5-0 a Venezuela. 

Sin embargo, los números son fríos y bloquean otros placeres: sentarse en el sillón, en la platea o la popular y ver una jugada destacada. El camino no es una opción en estos tiempos, muchos prefieren el final. En cambio, los gustosos del buen fútbol deben revelarse. Si se priorizan los proyectos, los resultados serán más confortables.


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