Inti Raymi es gestor cultural, manager, periodista, productor musical y escritor. "Me interesa especialmente que los artistas comprendan cómo funciona la industria y puedan asumir un rol activo en el desarrollo de sus proyectos. No creo en las fórmulas mágicas ni en los caminos que supuestamente funcionan para todos. Cada artista tiene su propia identidad, sus objetivos y sus posibilidades", resaltó en una entrevista exclusiva para La Visión Alternativa.
Inti Raymi señaló que "la tecnología es una herramienta extraordinaria, pero no reemplaza la estrategia, la creatividad ni el criterio profesional". "Tener acceso a plataformas y herramientas no significa necesariamente saber utilizarlas", aseguró.
"Con la inteligencia artificial sucede algo parecido. Puede ayudarnos a investigar, organizar información, optimizar procesos y desarrollar ideas, pero no creo que pueda reemplazar las decisiones que requieren sensibilidad, experiencia, conocimiento del contexto y comprensión de las personas", agregó.
En julio de 2026, publicó El Nuevo Manager Musical y el Artista como su Propio Manager. "Me permitió detenerme a ordenar y revisar muchos de los apuntes, conocimientos y aprendizajes que fui acumulando a lo largo de casi tres décadas trabajando en la música. Gran parte de lo que aprendí no surgió solamente de la formación, sino de haber producido conciertos, acompañado artistas, negociado contratos, desarrollado campañas, cometido errores y tenido que resolver situaciones muy diferentes", contó.
"La idea del libro fue reunir herramientas, experiencias y criterios que ayuden a comprender la gestión musical de manera integral. No quise escribir un manual de recetas ni prometer resultados, sino compartir conocimientos que permitan hacer mejores preguntas y tomar decisiones más conscientes", subrayó.
-¿Qué buscás aportar a los artistas?
-Siempre digo que con el talento solo no alcanza. Construir una carrera musical implica entender muchas cuestiones que van más allá de componer buenas canciones o dar buenos conciertos. Hay que aprender a planificar, comunicar, negociar, desarrollar audiencias, administrar recursos y construir relaciones profesionales. Me interesa especialmente que los artistas comprendan cómo funciona la industria y puedan asumir un rol activo en el desarrollo de sus proyectos. No creo en las fórmulas mágicas ni en los caminos que supuestamente funcionan para todos. Cada artista tiene su propia identidad, sus objetivos y sus posibilidades. Mi intención es aportar herramientas para que puedan construir su propio camino, con mayor autonomía, criterio y una mirada de largo plazo.
-¿Qué factores son clave en la carrera de un artista?
-Creo que hay varios factores fundamentales, pero destacaría tres: identidad, planificación y capacidad de construir un vínculo real con el público. La identidad es lo que hace que un artista tenga algo propio para ofrecer, algo que lo haga único. Constantemente aparecen tendencias, es muy fácil confundirse y empezar a perseguir lo que parece estar funcionando para otros. La planificación permite transformar las ideas y las aspiraciones en objetivos concretos. El desarrollo de una carrera musical requiere una mirada estratégica, capacidad para generar oportunidades, tomar decisiones acertadas y aprovechar cada experiencia para avanzar hacia los objetivos propuestos. Y después está el público. Hoy se habla muchísimo de seguidores, reproducciones y estadísticas, pero a mí me interesa especialmente lo que sucede detrás de esos números. La comunidad ¿Cuántas personas esperan tu próximo lanzamiento? ¿Cuántas recomendarían tu música? ¿Cuántas comprarían una entrada para verte?. También considero fundamentales la formación, la constancia, la capacidad de trabajar en equipo y la construcción de vínculos profesionales. No saber sale caro. Una carrera musical se desarrolla a partir de las decisiones que tomamos a lo largo del tiempo, la continuidad del trabajo, la capacidad de adaptarnos a nuevos desafíos y la perseverancia para sostener el proyecto, incluso cuando los resultados tardan más de lo esperado en llegar.
-¿Qué papel cumplen las nuevas tecnologías?
-Transformaron profundamente la industria musical y, sobre todo, ampliaron las posibilidades que tienen los artistas para desarrollar sus carreras de manera independiente. Hoy un músico puede grabar, distribuir su música en todo el mundo, comunicarse directamente con su público, analizar información sobre sus audiencias y desarrollar campañas de marketing sin depender necesariamente de una gran compañía discográfica. Pero también hay una contradicción interesante: nunca fue tan fácil publicar música y, al mismo tiempo, existe una gran dificultad para conseguir que alguien le preste atención. Por eso creo que la tecnología es una herramienta extraordinaria, pero no reemplaza la estrategia, la creatividad ni el criterio profesional. Tener acceso a plataformas y herramientas no significa necesariamente saber utilizarlas.
-¿Y la inteligencia artificial?
-Con la inteligencia artificial sucede algo parecido. Puede ayudarnos a investigar, organizar información, optimizar procesos y desarrollar ideas, pero no creo que pueda reemplazar las decisiones que requieren sensibilidad, experiencia, conocimiento del contexto y comprensión de las personas. Para mí, el desafío no es utilizar todas las tecnologías disponibles, sino entender cuáles pueden aportar verdadero valor a cada proyecto y cómo integrarlas dentro de una estrategia.
-¿Cómo fue la experiencia de escribir “El Nuevo Manager Musical y el Artista como su Propio Manager”?
-Fue una experiencia muy interesante porque me permitió detenerme a ordenar y revisar muchos de los apuntes, conocimientos y aprendizajes que fui acumulando a lo largo de casi tres décadas trabajando en la música. Gran parte de lo que aprendí no surgió solamente de la formación, sino de haber producido conciertos, acompañado artistas, negociado contratos, desarrollado campañas, cometido errores y tenido que resolver situaciones muy diferentes. Cuando empecé a trabajar en la industria, el acceso a la información era mucho más limitado. Muchas cosas las aprendíamos sobre la marcha, dándonos la cabeza contra la pared y a veces a un costo bastante alto. Hoy existe mucha más información, pero también está muy fragmentada y no siempre resulta sencillo distinguir qué es realmente útil.
-¿Cuál fue la idea del libro?
-La idea del libro fue reunir herramientas, experiencias y criterios que ayuden a comprender la gestión musical de manera integral. No quise escribir un manual de recetas ni prometer resultados, sino compartir conocimientos que permitan hacer mejores preguntas y tomar decisiones más conscientes. También me interesaba cuestionar esa idea de que un artista necesita encontrar un manager para empezar a desarrollar su carrera. Creo que, especialmente en las primeras etapas, es fundamental que aprenda a gestionar su propio proyecto. Y cuando llegue el momento de incorporar un manager, va a estar mucho mejor preparado para construir esa relación profesional. Lo más gratificante está siendo encontrarme con músicos, managers y productores que me cuentan que el libro les ayuda a mirar sus proyectos desde otra perspectiva. Ese intercambio es una de las razones por las que decidí escribirlo.
-Te tocó trabajar con varios artistas de renombre. ¿Cómo es trabajar con artistas de esa magnitud?
-Trabajar con artistas de gran convocatoria es una experiencia muy enriquecedora, porque permite conocer de cerca la complejidad que existe detrás de proyectos que el público suele ver solamente sobre el escenario. A medida que una carrera crece, también crecen las responsabilidades, los equipos de trabajo, los recursos involucrados y las consecuencias de cada decisión. Hay muchos intereses que coordinar y una estructura profesional que necesita funcionar correctamente. Pero hay algo que me parece importante destacar: los desafíos de los artistas consagrados y los de quienes recién comienzan no son tan diferentes en su esencia. Todos necesitan tomar decisiones, cuidar su identidad, relacionarse con su público y pensar cómo sostener su proyecto en el tiempo. Lo que cambia es la escala. También aprendí que no existe una única manera de alcanzar el éxito. Conocí artistas con recorridos, personalidades y formas de trabajar muy distintas. Intentar reproducir el camino de otro artista rara vez es una buena estrategia. Creo que una de las mayores enseñanzas de trabajar con proyectos de distintas dimensiones es entender que detrás de una trayectoria sólida hay mucho más que talento: hay trabajo, decisiones, equipos, vínculos y una enorme capacidad de sostener una visión a lo largo de los años.
-¿Tenés planificadas nuevas presentaciones del libro?
-Sí, estamos desarrollando una gira de presentaciones que me está dando muchas satisfacciones. Ya pasamos por distintas ciudades, entre ellas Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Bariloche, Santa Rosa y El Bolsón, y tenemos previstas nuevas actividades en Montevideo, Jujuy y Salta. Lo interesante es que decidí que las presentaciones no fueran simplemente encuentros para hablar del libro. Bajo el título Gestión Musical: El Arte de Construir una Carrera, estamos generando conversatorios con profesionales de la industria de cada ciudad, para intercambiar experiencias y reflexionar sobre los desafíos que enfrentan los proyectos musicales. Además, estos encuentros dan la posibilidad de generar espacios de networking. Me gusta especialmente ese formato porque permite incorporar distintas miradas, reconocer que la realidad de la industria no es igual en todos los territorios y además tejer redes. También estamos combinando algunas presentaciones con talleres de formación, que permiten profundizar en herramientas concretas de gestión. La intención es seguir recorriendo ciudades de Argentina y otros países de Latinoamérica, siempre que podamos construir propuestas viables junto a organizaciones, instituciones y profesionales locales. Más allá de presentar el libro, lo que me interesa es generar espacios de encuentro, formación y vinculación.
-¿Qué buscás con el Festival Internacional Vagamundos y cuál es tu conclusión de la última edición?
-Vagamundos nace de una convicción que tengo desde hace muchos años: la música necesita espacios donde los artistas, el público y los profesionales de la industria puedan encontrarse de verdad. No nos interesa construir un festival que compita por ser el más grande ni que dependa exclusivamente de nombres conocidos para convocar público. Nos interesa que Vagamundos sea un espacio de descubrimiento, donde las personas puedan conocer artistas que quizás nunca escucharon y encontrarse con propuestas que las sorprendan. También buscamos generar oportunidades concretas para los músicos. Por eso incorporamos actividades de networking con programadores, productores y profesionales de distintos países. Creo que un festival puede ser mucho más que una sucesión de conciertos: puede convertirse en un punto de encuentro que genere vínculos, colaboraciones y nuevas posibilidades de circulación para los artistas. En esta última edición dimos un paso importante en esa dirección. La participación de artistas de Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile, las actividades profesionales y la incorporación de otras expresiones artísticas, como la poesía y las intervenciones escénicas, nos permitieron ampliar la identidad del festival.
-¿Cómo se sostiene económicamente?
-Uno de los grandes desafíos de Vagamundos es su sostenibilidad económica. El festival no recibe aportes del Estado ni cuenta con el respaldo de grandes marcas, por lo que su realización depende principalmente de la venta de entradas y de las alianzas que logramos generar con organizaciones, empresas y profesionales que acompañan la propuesta. Por eso, el compromiso del público y el trabajo conjunto con quienes creen en el proyecto son fundamentales para darle continuidad y seguir desarrollándolo en cada edición. Vamos por un camino interesante, aunque todavía tenemos mucho por construir. Una de las grandes tareas es lograr que cada vez más personas se acerquen al festival por la experiencia que propone y no solamente porque conocen a alguno de los artistas. Me gustaría que, con el tiempo, Vagamundos se convierta en un lugar al que la gente quiera ir sin necesidad de conocer previamente la programación, porque confía en su curaduría y sabe que va a descubrir algo que vale la pena. Ese es, para todo el equipo que trabaja en el festival, uno de los mayores desafíos y también uno de los objetivos más lindos del proyecto.
